César Alva Lescano, Trujillo-Perú

 

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Presidente Instituto de Estudios Vallejianos
Trujillo, Perú

Cónsul de Trujillo, Poetas del mundo

 
                     
                       
 

 

         
                       
   

Poesía


AL POETA MIGUEL HERNANDEZ

España tiene grabado en su rostro
girones de tu alma generosa
líricos versos de sentidos sueños
que afloran de tus sentidas emociones.
Tus caminos recorridos por el tiempo
son testigos de tus férvidos anhelos,
confidentes de tu vida fatigada
por tus viajes, tus afanes y desvelos.

Poeta, de los ritmos silenciosos
que acompañan tus sueños y esperanzas,
palpitan en el hondón de tus pasiones
que se alejan por soñadas lontananzas.

Vas dejando marejadas y mensajes
en el ara donde posar tus desvelos,
ternura de tu corazón sincero
estremecido por amor que te cautiva.

En la tierra que inspira tu lirismo,
que recibe el clamor de tus desvelos,
que ofreces la plegaria de tus versos
en el área azulada de los cielos.

Los poetas y hermanos, en el viaje
admiran tu devota plegaria sin olvido
que canta con la voz de los mortales,
no callada en el seno de la vida.
Poeta, sin rencor en la contienda
número singular en la tristeza,
caminante sin cansancio por el tiempo
que despierta silencios sin olvidos.

Pensamientos que derramas por el espacio
que escucha tu voz que nunca acaba,
por los áureos paralelos del recuerdo
donde moras, poeta, del tormento.

Que tus cantos produzcan ilusiones
que jamás se acaben en el tiempo
y florezcan cual ramos de esperanza
y recojan tus hermanos del silencio.

 

MIL POEMAS A CÉSAR VALLEJO

Polvo y llanto en el sepulcro


El tiempo musita silencio y recibe con tristeza
los hados milenarios que se inclinan
al caer sobre la pena.
Destila llanto la alborada
y termina su dolor en el poniente.
Qué aflicción consume el alma buena
que se rompe en pedazos de congoja interminable.
Sufre sin medida sobre el polvo del sepulcro,
deteniendo la onda del silencio y la mirada.
César murió, y descansa su tormento
en la oquedad sepulcral de la tierra amorosa,
donde el frío nunca acaba y pervive al infinito, al sufrimiento.
Caudal de recuerdos dolorosos y hermanados,
rondan el ara de perpetua amargura, silente, inolvidable.
César fue, vivió y murió de vida y no de tiempo
anhelos tempraneros, abismados, sin fondo;
llevando consigo sus días, sus dolores, sus caminos, sus calvarios de
/tormento, sin cansancio, sin salida;
convertidos en clamor de las edades.
El corazón sensible, entristecido, padece
inconsolable;
Mantiene la imagen del poeta, permanentemente, lo aclama, lo venera
/e inmortaliza.
César, de la noche sensación humanizada
viaja sus senderos, lleva sus delirios, sus triunfos, sin desmayos, sin
/reproches, olvidos, negaciones;
va sobre el surco de la gleba fecundante de la tierra,
sobre el genio que conquista eternidades,
sobre el orto que ilumina los caminos,
la ferviente oración que se pronuncia en el verbo,
la quimera, el ensueño llevados por el viento
César vuelve y vuelve en el plinto de la fama,
con su carga de nostalgia, con el ritmo de su verso,
con la fe sin desmayo, abrazando al Hombre, en cuya fuente, siembra
/sentimientos y eternidades;
descubre su amante corazón enardecido por la gloria sin saberla;
que se agita en la agonía, que se quiebra en el silencio, que se queda
/temblorosa en la tierra,
en la vida y el viento.
César Vallejo ¡Vuelve!Y hallarás las multitudes que te aclaman, sin
/abandono, sin negaciones, ni soledad, ni castigos;
contemplarás tu mundo lleno de triunfos, de tus bondades, de tu genio,
/enarbolando los pendones de tus sueños y tus glorias.


Alegría en el collado


Las sombras ceden su camino a la alborada
que aparece por los ángulos del cielo,
se detiene el orto iluminando
el collado que suena entre montes y parajes silenciosos.
Alegría en la tierra,
hosannas en el pueblo,
brilla la luz diáfana mensajera de contento y armonía
que cubre el lecho donde mora el futuro peregrino.
Una sorpresa,
un clamor;
una sonrisa;
algarabía que se aleja por la altura pensativa,
y suenan los caminos, se pronuncian las plegarias,
vibra el seno familiar, amoroso, afortunado,
estremecido, palpitante, diluido en el silencio.
Advino con la luz de la alborada
se llenó el hogar con el orto milagroso
cual estrella que brilla en el espacio de tiempo y triunfo; sensitivos
/amores de lo bien vivido y esperado.
César nació para la gloria y la fama,
lo pronunció el monte iluminado,
lo expresó la altura estremecida,
aclamó la vida sobre el movimiento de la hondonada
del torrente que se aleja en el abismo
llevando eternidad agitada por el viento
que rodea el arco triunfal del nacimiento.
Santiago, tierra hermosa, humanizada,
epicentro de amores primigenios,
de caras ilusiones sin reproches,
de los desbordes pasionales;
tierra de mi Perú, de penas y tristezas
de los juegos de niñez y adolescencia florecidas,
de llanto, de quimeras pronunciadas en silencio,
de amores que dejan huellas indelebles,
compañeros de viajes sin destino, sin llegada, sin retorno, lejanías
/resignadas por el juego del hado misterioso sin salida.
Nace César, iluminado, cara al sol de sus orientes, ensueños, sus edades,
/sin presentir la gloria en sus fatídicos desvelos, sin saber de su
/partida, su llegada y la fama que lo espera, que lo lleva al
/infinito, lleno de mundo, de dolor y agonía;
sufrimiento por el ser que abraza y dramatiza
en el trágico viaje por todos sus caminos.
César vivió agonizante junto al Hombre,
y murió de vida y no de tiempo con la herida abierta
en su noble corazón estremecido y sangrante;
con él vuelve, César Abraham, a la batalla,
a la contienda universal sin desmayos preteridos
vuelve al amor, al dolor, a su triunfo
lleno de luz de la alborada que iluminó su nacimiento
que preside sus pasos, sus caminos aurcolados de gloria, lleno de mundo
/y eternidad sin tiempo.


Vallejo


Inclinaste la testa sobre el apoyo del hogar querido
derramaste innúmeros pensamientos del futuro
con tus manos, formando puño,
sostenías tu mentón de sufrimiento.
Tus ojos de mirada, oteaba el horizonte en lejanía
Cuánta pena derramabas en silencio
cuánta esperanza se escapaba de tu corazón enardecido lleno de amor, de
/dolor, de infinitos interminables sentidos en el fondo de tu vida
/de poeta.
Padeciste tu delirio agitado por el viento
llegado por los ángulos de tus montañas
recibiste las caricias de fríos naturales,
inclinaste tu pensamiento a ras de tu tierra abrazadora, levantabas tu
/espíritu en busca de lo eterno mirando tus montañas, sintiendo
/sus mensajes soñando futuros conquistar la gloria
y morir sembrando eternidades
con caminos, con silencios, sin castigos, sin olvidos.
Allí en tu tierra, tu comienzo
aquí tu genio,
aquí tu dolor interminable
aquí tus amores primigenios
y tus bíblicas hazañas cargadas de sueños, ilusiones
Iluminada tu vida con el sol de tus montañas
y el poder de su quietud eternamente
donde mora el poder de sus herencias
recibidas con la fe de tus triunfos.
Aquí con tu carga de nostalgias
saboreando tristezas, soledades y los primeros amores.
Oh vida Oh muerte en sendas presentidas
palpitantes con tus líricas canciones,
de la tierra creadora de tu genio,
de nostalgias sembradas sin olvido;
luces que alumbraron tus caminos
sombras que titilan sobre el orto universal.
Vallejo, vivió y murió lejos de sus recuerdos y primigenios de sus
/fatídicos suspiros compañeros de su muerte,
bajó a su tumba, oquedad de los silencios
de cuyo túmulo brotarán las flores
cromía que despierta el alma buena
del poeta, del profeta, del genio universal
que duerme y despierta
que aún sueña y regala ilusiones
y obsequia pan fresco
a todos sus hermanos de la tierra.



         
                       
 

Biografía